A principios del siglo xx, como parte de los festejos del Centenario de la Independencia de México y el programa de obras que buscaba embellecer la ciudad, el entonces presidente Porfirio Díaz encargó al arquitecto italiano, Adamo Boari, el levantamiento de un nuevo Teatro Nacional que remplazara al antiguo. El proyecto fue coordinado por la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, y tuvo distintas fases de construcción. En la primera, de 1904 a 1912, se realizaron los cimientos y el exterior del edificio. Boari siguió los parámetros del “Nuevo Arte Decorativo Moderno”, conocido internacionalmente como art nouveau. En la estructura del edificio utilizó acero y concreto, técnica que era considerada novedosa; y revistió el esqueleto metálico de mármol. Las esculturas de la fachada, todas en mármol de Carrara, representan a las bellas artes y fueron encargadas a artistas extranjeros.
El plazo para concluir las obras era de cuatro años, sin embargo
los trabajos no se finalizaron debido a que las características del
suelo no soportaron la estructura del edificio y el presupuesto inicial
fue excedido. Finalmente, con el estallido de la Revolución en 1910, la
construcción fue interrumpida;finalmente, el 29 de septiembre de 1934 con el presidente Abelardo
Rodríguez en el gobierno, el Palacio de Bellas Artes se inauguró
como un recinto único en su género.

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